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El rey asturiano Alfonso II, se convirtió en el primer peregrino de la historia, recorriendo el Camino del Norte, y levantando una humilde iglesia (llamada de Antealtares) sobre la tumba del Santo, y un monasterio benedictino. Inaugura con ello una costumbre que no ha cesado hasta nuestros días, la de peregrinar a Santiago, convirtiéndola en uno de los centros espirituales más importantes de la cristiandad.

Tras él vinieron las primeras peregrinaciones que se realizaron entre los fieles de los reinos peninsulares. Con aportaciones posteriores, especialmente importante la de de Alfonso III, (866-911), que el 6 de mayo del 899 consagraba una basílica mayor que la anterior, y entorno a ella surgieron otras edificaciones religiosas y una nueva población.

Desde Metz, en la vecina Francia, a partir del año 860 tiene su origen el peregrinaje internacional, convirtiéndose en el primer y más importante centro de peregrinación fuera de la península. Desde Europa, a través de Francia, y de la ruta que desde entonces llevará su nombre, el Camino Francés, se canaliza la afluencia de peregrinos provenientes de toda la cristiandad. En el 950 se tiene constancia de la peregrinación realizada por el obispo Godelesco de Le Puy.

Almanzor, (al-Mansûr, “el Invencible”), se encargó de ralentizar el desarrollo de por la entonces floreciente Arcis Marmoricis, interrumpiendo y poniendo en peligro las rutas de los peregrinos. En el 997 destruye por completo la ciudad, según su costumbre; respetando la tumba del Santo, y ordenando que las campanas de la basílica compostelana sean transportadas a hombros de prisioneros cristianos hasta Córdoba, la magnífica capital de Al-Andalus.

El obispo San Pedro de Mezonzo auspiciado por el rey de León Bermudo II (984-999), inicia la reconstrucción de la Basílica y de la ciudad. Desde el 913, el reino de Asturias se había convertido en reino de León, y Compostela era el principal centro espiritual del mismo.

Entorno al año 1075 en tiempos de Alfonso VI comenzó la construcción de la Catedral de Santiago de Compostela, promovida por el obispo Diego Peláez y dirigida por el Maestro Esteban, se implantaba así el Arte Románico que ya se venía utilizando en Europa y otros puntos del reino, como en San Isidoro de León, el primer templo que introduce el románico, y que servirá de espejo al resto de los templos del orbe cristiano. Fue en el año 1063 cuando se consagró San Isidoro por los reyes de Castilla y León, Fernando I y Doña Sancha.

Dos importantes hechos impulsan la expansión del Románico en el siglo XI: el avance de la Reconquista, por un lado, y por otro, la política de unificación ideológica y constructiva emprendida por Roma a través de la orden de Cluny, en Francia. La importancia del Camino de Santiago, vertebrador del Norte, libre ya de la ocupación musulmana, será capital a la hora de introducir esta nueva manera de entender el arte, será una reforma arquitectónica-teológica en toda regla. Es así como penetra en el reino el espíritu de Cluny, a través del Camino de Santiago.

El nuevo templo compostelano será una gran iglesia de peregrinación de tres naves, planta de cruz latina, cabecera con girola, y cinco capillas absidiales.

En el año1095 el papa Urbano II trasladó la sede episcopal desde Iria Flavia a Compostela.

Durante el siglo XI Sancho el Mayor de Navarra realizó una serie de mejoras en la ruta que enlazaba con Santiago con el objetivo de dotar de mayor seguridad a los peregrinos.

Pero será en época del obispo Diego Gelmírez (1100-1139), gran mecenas cuando se produzca una auténtica eclosión de las peregrinaciones. Se encargó de ampliar la basílica, construyendo una tercera. A ello se suma que por la misma época, el papa Calixto II (1119-1124), instaurase el Año Santo Compostelano, cada año que el 25 de julio caiga en domingo, completando una serie que sigue la siguiente rutina: 6-5-6 y 11. En este sentido, y relacionado con Calixto II, es especialmente importante mencionar el primer libro de viajes, incluido en el “Códice Calixtino”, una compilación de cinco libros, cuyo quinto volumen “Iter pro peregrinis ad Compostellam” es una auténtica guía del peregrino llevada a cabo por el monje, Aymeric Picaud, acompañante y secretario de Guido de Borgoña, el futuro Papa, en la peregrinación que ambos llevaron a cabo en el año 1109.

Alrededor de la nueva basílica surge un nuevo burgo cada vez más importante, con su típica organización gremial en el entramado urbano, y una ciudad amurallada a la que se accedía por siete puertas. En paralelo a la Rua do Vilar, Gelmírez construye la Rua Nova, ambas calles son todavía hoy día las arterias del Casco Antiguo compostelano. En 1147, un nutrido grupo de cruzados, unos 13.000 acuden en masa a presentar su ofrenda al Apóstol. A partir del S. XVIII, y sobre todo del XIX, las peregrinaciones declinan, hasta recuperarse definitivamente en el último tercio del S. XX.